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Publicación: LA PATOLOGIA DEL LENGUAJE EN EL NIÑO

LA PATOLOGIA DEL LENGUAJE EN EL NIÑO

Autor: Doctor en Psicología Félix Jácobo Bustinza

Catedrático de Psicología Excepcional de la Escuela Profesional de Psicología de la UNSA

INTRODUCCION

El lenguaje en la actualidad, es objeto de estudio de muchas disciplinas: la Lingüística, la Psicología, la Neurología, etc. Cada una de las cuales intenta dar una definición de lo que es el lenguaje de acuerdo a su punto de vista y su modelo conceptual. Así para la Psicología el lenguaje es concebido como “un conjunto complejo de procesos psíquicos, resultantes fundamentalmente de la maduración neurológica y el aprendizaje, que hacen posible la adquisición, conservación y el empleo concreto y normal de un lenguaje cualquiera que sea su forma con la finalidad de realizar la comunicación entre el hombre y sus semejantes”.

Según el Dr. Artidoro Cáceres (1976), el lenguaje “es la función mental que le permite al hombre comunicarse con los demás y consigo mismo; es el instrumento del pensamiento y de la inteligencia, gracias al cual ideas y sentimientos unen o separan a los hombres mediante la palabra”. Un sistema anátomo-funcional cerebral es su substratum nervioso y aunque conocemos mucho de su mecanismo, queda una gran parte aún ignorada. Como instrumento del pensamiento y como medio de comunicación, es el producto de una integración madurativa del sistema nervioso y también de una influencia organizatriz del medio ambiente de la sociedad. Tal fenómeno de interacción pone en juego, entonces, por un lado, la maduración neurobiológica del niño, medida por las etapas del desarrollo psicomotor, y, por otro, la capacidad del medio ambiente para estimularlo a través de las conductas comunicativas a su alrededor, sobre todo aquéllas que parten de su hogar.

El desarrollo del lenguaje, sentado así sobre estas bases, sigue en el infante dos etapas o fases consecutivas: la etapa pre-lingüística, y el inicio de la etapa lingüística propiamente dicha.

La etapa pre-lingüística, como su nombre lo está indicando, es preparatoria para que el infante desarrolle el lenguaje y coincide con el periodo sensorio-motor de Piaget. El llanto, el grito y los reflejos de succión y deglución presentes en el neonato son verdaderos precursores, a la distancia, de la capacidad de expresión oral que posteriormente el niño pueda desarrollar. La ausencia o la debilidad de ellos en el momento de nacer deben llamar la atención en este sentido. Posteriormente, la sonrisa voluntaria y las emisiones vocálicas aparecen y con justeza han sido incluidas bajo la denominación de juego vocal. Este, en un principio, es anárquico y monocorde pero, posteriormente, se hace más controlado, lúdico y “melódico” a partir de los ocho meses de edad, en los que entra en juego un fenómeno de autorregulación auditiva. Las vocalizaciones son seguidas de sonidos inarticulados en una jerga propia y de un balbuceo imitativo cada vez más rico.

La etapa Lingüística, se da cuando el niño pronuncia las primeras palabras con significado y cuando de forma gradual el lenguaje hablado va sustituyendo los sistemas más primitivos de comunicación (Jácobo, 2008 Pág. 288). Lo frecuente es que de los diez a los doce meses aproximadamente el lactante comience la emisión de lo que se ha llamado el monosílabo intencional, preludio de las primeras palabras ya con evidente sentido comunicativo. Como es de suponer, la evolución del lenguaje no puede ser desligada del contexto del desarrollo psicomotor ya que guarda una relación sincrónica y proporcional con el progreso de las gnosias y de las praxias.

La posterior evolución es a través tanto de la palabra-frase, ejemplo máximo del lenguaje infantil que se basa en el poder generalizador de la palabra y la extensión de significados, cuanto de la adquisición cada vez más compleja y progresiva de la articulación de los fonemas propios de nuestra lengua en lo que algunos autores han llamado los estereotipos fonemáticos, base para los estereotipos verbales (Azcoaga, J.E; Derman,B.; y Frutos, W., 1973). A la palabra-frase le sigue, en el segundo semestre del segundo año, el tiempo de la palabra yuxtapuesta, o sea, la unión significativa fonético-fonológica (no gramatical) de dos palabras y el de la frase simple (inicio de la gramática o sintaxis infantil) en el tercer año, que poco a poco va enriqueciendo gracias a la extensión de su vocabulario, el que recién después de los tres o cuatro años se acercará en su uso al del adulto. Hasta los tres años, pues, hay un lenguaje de tipo infantil en sus tres vertientes (semántica, morfo-sintáctica y fonológica).

LA PATOLOGIA DEL LENGUAJE EN EL NIÑO

Cuando el inicio y/o el posterior desarrollo del lenguaje se ven postergados, interrumpidos o alterados se está ingresando al campo de la patología del lenguaje en el niño.

Apartándonos de la sistematización que significan las clasificaciones internacionalmente aceptadas (la clasificación internacional de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10, 1991) y la del manual de diagnóstico y estadística de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (DSM-IV) y tratando de utilizar un criterio más práctico que nos sirva desde el punto de vista clínico, nosológico, de diagnóstico, de tratamiento y de pronóstico en la consulta diaria y acercándonos al criterio taxonómico de Rapin y Allen (1983) podemos asumir que la alteración del desarrollo del lenguaje a esta edad puede asumir dos características clínicas: las del niño que no habla y las del niño que habla mal.

El niño que no habla

El niño que no habla antes de los tres años constituye un caso realmente apremiante en cuanto al tratamiento, porque toda la evolución posterior de su comunicación verbal se va a ver seriamente comprometida y será de mal pronóstico no tomar las medidas terapéuticas oportunas.

Las causas por las cuales un niño no habla son múltiples. Puede tratarse de una deficiencia sensorial como en la sordera, de un desorden específico del lenguaje como en la disfasia (discapacidad constitucional congénita, casi siempre genéticamente determinada, o tempranamente adquirida para comprender la palabra hablada o expresarse verbalmente), que es el más severo de los desórdenes del lenguaje infantil, de una afasia infantil (deficiencia verbal casi siempre predominantemente expresiva y adquirida como secuela de un proceso infeccioso, traumático, tumoral o neuroquirúrgico cuando el niño ya había desarrollado lenguaje), de una deficiencia intelectual como en el retardo mental, de un serio daño encefálico como en la parálisis cerebral, de un desorden profundo y global del desarrollo como en el autismo infantil, de un cuadro psicógeno como el mutismo, de un retardo fruto de la deprivación o de la rara y grave afasia adquirida con epilepsia de Landau-Kleffner entre los casos serios, o puede tratarse de un retardo simple del desarrollo del lenguaje receptivo-expresivo, en el que la evolución normal de éste se ve postergada pero sigue un curso homogéneamente natural, entre los benignos. (Ajuriaguerra, J. 1979; 1987; Flores del Aguila, 2000).

El niño que habla mal

Mientras que en el caso del niño que habla mal debe distinguirse en primer lugar si el código lingüístico que usa está alterado o si solamente se trata de un defecto de la articulación verbal.

Todos aquéllos en quienes se presenta una disfasia, una afasia infantil, un retardo mental o un autismo infantil, por ejemplo, hablará mal como producto de su severa alteración del lenguaje, mientras que en quienes pronuncian defectuosamente con preservación de la comprensión y de la expresión del lenguaje en sí debe pensarse en una deficiente articulación, como sucede en las disartrias y en las dislalias, que también obedecen a varias causas (como una parálisis cerebral o un trastorno específico del desarrollo motor, respectivamente, entre otras), y en quienes no poseen la fluidez léxica apropiada, en una tartamudez. En este último caso se recomienda mucho cuidado con la pretendida “tartamudez fisiológica” de los tres años, que a veces encubre el inicio de una verdadera disfluencia muy difícil de manejar posteriormente (Flores del Aguila, 2000).

Detectar o diagnosticar estas alteraciones del desarrollo del lenguaje y del habla lo más precozmente que se pueda será dar un paso adelante en la prevención de futuros problemas de aprendizaje y lenguaje en la edad escolar.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1. Ajuriaguerra, J. (1979) Manual de Psiquiatría Infantil. Edit. Toray-Masson, Barcelona.

2. Ajuriaguerra, J. y Marcelli, D. (1987) Manual de Psicopatología Infantil. Edit. Toray

Masson. Barcelona.

3. Azcoaga, J.E.; Derman, B. y Frutos, W. (1973) Alteraciones del lenguaje en el niño.

Edit. Biblioteca, buenos Aires, Argentina..

4. Cáceres, A. (1973) La Patología del Lenguaje. Rev. Viernes Médico. Lima-Perú.

5. Cristal, D. (1983) Patología del lenguaje. Edit. Cátedra. Madrid, España.

6. Flores del Aguila (2000) Por qué un niño no habla o habla mal. CPAL. Lima-Perú.

7. Jácobo, B. Félix (2008) Psicología del excepcional,-estudio de niños y jóvenes con NEE. Texto Universitario. Escuela Profesional de Psicología. UNSA.

8. Rapin, J. y Allen, D.A. (1983) Developmental language disorders Nosologic disorders. Editorial New-York.

4 Comentarios:

Anónimo dijo...

que buen articulo me gustaria que escriban mas sobre este tema, gracias

Anónimo dijo...

esta muy bien esto, una pregunta, ¿donde puedo contactar al autor?, por favor respondanme

Anónimo dijo...

excelente aporte

Wolfcat dijo...

Interesante, sería bueno que te des una vuelta por los foros de publispain ya que hay cosas afines, fácil que sacan sus foros gratis y hablan de lo que más les guste.

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